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Monstruos encubiertos, capítulo 3 – parte 1

Hola, monstruitos, esta semana ya sí que sí empiezo a partir los capítulos en dos partes, porque si no el libro va a durar lo que un caramelo a la puerta del colegio (un caramelo de droja, se entiende). Pero, miradlo por el lado bueno, la espera cuando toque el siguiente libro será menos, y además así en dosis más pequeñas se aprecian más los detalles (o ses quiero creer X_D )

Antes de pasar al capítulo recordaros que este finde estaré en el salón de Barcelona. Tenéis que pasar a vernos, ¿eh? Podéis ver los horarios en este post.

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SPOILERS ALERT! SPOILERS ALERT! LOS COMENTARIOS DE MÁS ABAJO PUEDEN CONTENER GRAVISIMO RIESGO DE SPOILER

Monstruos encubiertos, capítulo 2 YA ONLINE

Como quien no quiere la cosa ya está aquí la segunda semana de esta nueva temporada. Ya veréis, de aquí a nada estaré anunciando el capítulo final. El tiempo pasa volando Y_Y.

Venga os dejo el capi, y a ver si os animáis a comentarme algo. No seáis mamones XO

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Ah, no os olvidéis de compartir el capítulo. Hay unos botones muy monos al principio y al final del post para ello 😉

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Primer capítulo de Monstruos encubiertos

¡Fuuah! ¡Estoy emocionadísima! Como siempre, antes de la subida de un capítulo, soy un manojo de nervios. Hay tanto que cuidar:  que las descargas funcionen bien, que los formatos estén bien convertidos, hacer la portadita, escribir el post, y que no se caiga la maldita web. Y después de todo eso, lo más terrible, la incertidumbre… El no saber si el capítulo gusta o no hasta que no empiezan a caer los primeros comentarios. ^^U

Esa es mi rutina cuando toca capítulo nuevo, pero en esta ocasión, con el estreno de un segundo libro, el nerviosismo es el doble. Porque os he dejado a la espera meses, porque no sé a cuántos habré perdido por el camino, porque temo que las expectativas estén demasiado altas y no sé si lograré mantenerlas con este segundo libro.

Estas cosillas llevan persiguiéndome hace tiempo y hoy más aún. Sin embargo, recuerdo que también tuve mis dudas cuando estrene la historia y pensaba que a nadie le iba a importar una mierda porque ¿dónde iba yo con una historia así cuando venía de hacer yaoi?

Y, bueno, algo debí de hacer bien porque estáis ahí. Espero que esta vez, la suerte también me sonría.

¡Os dejo leer! ^__^

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Ah, por cierto, si os perdistéis el teaser (ya os vale, cojones), podéis verlo aquí.

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Os acordáis, ¿no? A partir de aquí: SPOILERS ALERT! SPOILERS ALERT! SPOILERS ALERT!

Comentando a saco el primer libro (SPOILERS OVER 9000)

Este post va dedicado a aquellos que ya os habéis terminado el primer libro, si no lo has hecho NO SÉ QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ. Te vas a reventar el final. ¡Fuera, fuera!

Bueno, por si no queda claro. Vamos a hacer SPOILERS como melones transgénicos del primer libro.

Que sí, que va….

Se recomienda haber leído todos los capítulos publicados en la web antes de ver la imagen

¿Sigues ahí? Bueno, pues allá tú.

A los demás, que sí os lo habéis leído, os animo a comentarme qué os ha parecido, ya no solo la parte final, también me interesa saber cómo valoráis este primer libro en general. ¿Ha sido una buena lectura en todo su conjunto? ¿O ha habido partes menos interesantes?

Para ayudaros, que sé que muchos no sois de escribir, os dejo algunas encuestas. Podéis elegir hasta 3 opciones, o elegir menos, como veas 😉

¿Os acordáis de que hace tiempo hice una encuesta para votar personaje y pareja favorita?, veremos a ver si ha cambiado mucho la cosa ahora.

Vota por tus tres personajes favoritos.

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¿Pareja o parejas favoritas? (esta vez opciones serias only)

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Será interesante ver si han cambiado o se han mantenido vuestras preferencias. Y ahora vamos con unas encuestas nuevas. Os pido que hagáis un poco de memoria y penséis en qué ideas teníais preconcebidas antes de empezar a leer esta historia y me digáis:

¿Qué personaje ha logrado sorprenderte más a medida que lo ibas conociendo?

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¿Qué es lo que te ha sorprendido encontrar en MBM que no esperabas?

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¿Ha cumplido vuestras expectativas?

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¿Qué te gustaría ver en próximos libros?

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¿Tu momento favorito de la novela?

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Y también me gustaría saber, y esto no lo puedo poner en una encuesta con respuestas predefinidas, saber con qué momento os reísteis más, cuál recordáis en especial por alguna razón (aunque no sea vuestro favorito), y también si hubo alguno que os tocará la patatilla. Y por supuesto, también me gustaría oír lo malo, si lo hay. Si encontrastéis alguna parte especialmente aburrida.

En fin… Lo que queráis decidme, aquí podéis hacedlo.

También podéis comentar con otros lectores y ver qué opinan los demás. Podéis hacer los SPOILERS que queráis, que para eso he puesto el letrero de “SPOILERS, CUIDADO NO PASAR”. Así que, libertad total ^^

Donde no podéis hacer SPOILERS es en Amazon si dejáis una valoración en la página del libro. Recordad que haciéndolo no solo me ayudáis, si no que podréis ganar una camiseta si llegamos a 30 valoraciones de compra verificada 😉

Capítulo 17 y final – parte 5

¡ATENCIÓN!

Si has llegado hasta aquí por accidente: ¡ojo, cuidado! El siguiente post contiene SPOILERS… ¡qué digo spoilers!, contiene el puto final del primer libro de MBM.

Si lo que estás buscando es la primera parte del capítulo 17, pincha aquí.

Si por el contrario sabes a lo que has venido, ¡adelante!

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—Tú dirás, Axel.Rayo se removió un poco en aquel sofá de piel donde se había sentado. Mientras trataba de buscar las palabras adecuadas, echó un vistazo a los diplomas que adornaban la pared de la consulta del doctor Bautista, su psicólogo.Llevaba viendo a aquel hombre desde su rehabilitación tras el accidente. Gracias a él, no solo había recuperado algunos de sus recuerdos, sino que había aprendido a aceptarse, a lidiar con los problemas que implicaban esas nuevas y extraordinarias habilidades que poseía; efectos secundarios del procedimiento que el equipo que contrató su abuelo —médicos y expertos en el campo de la biotecnología— había usado para reconstruirlo por completo, arrancándole de las garras de la muerte.

En el último año, sus citas se habían vuelto menos frecuentes. Incluso había faltado a muchas de ellas, postergándolas con cualquier excusa. Pero, en aquella ocasión, después de los sucesos que le habían ocurrido la semana anterior, tuvo la necesidad de ir a verlo.

—La verdad es que no sé por dónde empezar, Doctor —contestó al fin.

—¿Qué tal si empiezas por lo que más te preocupa?

Rayo suspiró.

—¿Se acuerda de la mujer de la que le hablé la última vez?

—Ah, sí. La de la empresa que te estaba haciendo la competencia. La señorita «S» si no recuerdo mal, ¿verdad? —apuntó el psicólogo.

—Sí, esa misma.

—¿Sigue sacándote de quicio?

—Sacarme de quicio es poco, solo que ahora lo hace en un sentido diferente —contestó mientras se frotaba el puente de la nariz con el pulgar y el índice—. No entiendo lo que me ha pasado, Doctor. Yo detestaba a esa mujer, me repugnaba solo mirarla y ahora…

El psicólogo abrió más los ojos al tiempo que descruzaba sus piernas y se inclinaba hacia delante en el sillón para escuchar mejor a su paciente.

—Creo que la quiero.

—¿Me estás diciendo que te has enamorado de ella? —preguntó el hombre. Su expresión delataba que no esperaba tal confesión.

—No lo sé… —murmuró Rayo—. Es tan extraño.

—Bueno, realmente no lo es. —Bautista carraspeó y volvió a reclinarse en su asiento—. Se suele decir que del amor al odio hay un paso, y en ocasiones también puede ocurrir al revés. Los sentimientos tan intensos como el odio, el deseo, o el amor, son muy parecidos. En cierta forma todos tratan de lo mismo, de la obsesión por una persona.

—Pero, ¿y ahora qué hago? —preguntó Rayo mostrando su creciente desasosiego—. Yo no quiero sentir esto.

El psicólogo lo observó durante un segundo con cierta condescendencia en la mirada.

—Me temo que lo único que puedes hacer es poner tiempo y distancia por medio. Aléjate de esa mujer, ten paciencia, conoce a otras personas… —le sugirió—. Se te acabará pasando.

Sin embargo, a Rayo aquellos consejos se le antojaban inútiles y demasiado lentos. Apoyó la espalda y la cabeza en el respaldo del sofá, dejando que su vista vagara por el techo.

—¿Eso es todo lo que te preocupaba, Axel?

Entonces, cayendo en la cuenta, Rayo Negro volvió a incorporarse casi movido por un resorte. Por poco se olvida de lo más espeluznante de todo lo que le había pasado en los últimos días.

—No, hay otra cosa —comenzó a explicarle, procurando no desvelar nada de las actividades a las que se dedicaba en sus ratos libres, y lo que era más importante, sin parecer un demente—: La semana pasada me vi sometido a un gran estrés, además de esto que le he comentado, tuve un problema muy gordo en el trabajo, y… creo que sufrí una ausencia.

—¿Una ausencia? —Se mostró interesado el psicólogo—. ¿Te refieres a como una crisis epiléptica?

—No, no me caí al suelo temblando, ni nada de eso. Aunque no lo recuerdo bien, sé que durante un tiempo perdí la conciencia, seguía moviéndome y haciendo cosas, pero no era yo quien tenía el control, ¿entiende? —A medida que lo iba contando, se percató de que el asunto daba más miedo de lo que había pensado en un principio. Finalmente, añadió—: De lo único que estoy seguro es de que me volví bastante violento.

Bautista dejó su cuaderno de apuntes sobre la mesita que tenía a un lado y se colocó apoyando el mentón sobre sus manos entrelazadas. Permaneció unos segundos pensativo hasta que rompió el silencio que se había formado.

—Lo que relatas apunta a un trastorno epiléptico. Verás, la epilepsia no solo consiste en desmayarse y sufrir convulsiones. Hay muchos tipos de crisis, algunas provocan alteraciones de conciencia donde el sujeto sigue en pie y hasta puede moverse, hablar y realizar acciones sencillas, pero en realidad no es consciente de lo que está haciendo. Pasado un periodo corto de tiempo, la persona vuelve en sí, sin saber que acaba de sufrir una crisis.

—Pero, Doctor, yo no soy epiléptico.

—Tuviste un accidente grave, Axel. Sufriste daños en el cerebro, por muy buen trabajo que hicieran los médicos, es normal que queden secuelas —apuntó—. Pero no te preocupes, te recomendaré un buen neurólogo, y con medicación podrás hacer vida normal. Quizá nunca vuelvas a tener otra crisis.

—Si usted lo dice… —dijo poco convencido, preguntándose para qué seguía viendo y pagando a aquel hombre. Era verdad que sus consejos le habían ayudado en un principio, pero hacía mucho que sus problemas superaban su competencia. Las soluciones que el doctor Bautista le daba, puede que sirvieran para el resto de sus pacientes normales y corrientes, pero no funcionarían con él. Unas pastillas no contendrían a aquel ser que se había apropiado de su cuerpo en la sala submarina.

—Antes de irte, me gustaría intentar una nueva sesión de hipnosis, ¿qué opinas? —propuso el hombre.

—No sé, Doctor. Tengo algo de prisa —se excusó mirando el reloj de su muñeca—. Y ya sabe que en las últimas sesiones no logré recordar nada.

—Sí, lo sé, pero esta vez quisiera probar algo distinto. No trataré de ahondar en tu pasado antes del accidente, sino que intentaré averiguar si tienes algún recuerdo subconsciente de esa crisis de ausencia que me has comentado. Al ser un suceso reciente, y posterior a la lesión, creo que es probable que podamos sacar algo en claro.

Aquello le sonó convincente, e intrigado por saber más acerca de ese momento que permanecía nublado en su memoria, aceptó.

—De acuerdo.

—Túmbate, por favor.

Rayo Negro obedeció. Cerró los ojos y fue siguiendo con la imaginación las instrucciones que le iba dando el psicólogo. Poco a poco, fue quedándose sumamente relajado hasta que Bautista juzgó conveniente.

—Muy bien, ahora dime cómo te llamas.

—Rayo Negro.

—¿Ese es tu verdadero nombre?

—Sí.

Aquella respuesta era la prueba de que su paciente estaba totalmente hipnotizado y podía interrogarle sin tapujos. Se aproximó a su escritorio y pulsando un botón bajo el tablero, un panel en la pared más próxima al sofá se deslizó desvelando un compartimento oculto. Este contenía un par de monitores, un panel con un teclado de ordenador, y debajo varias filas de cajones. El equipo ya estaba encendido y listo cuando el panel se abrió.

De uno de los cajones, Bautista sacó una pistola inyector que utilizó sobre el cuello de su indefenso paciente. Después, con cuidado, le colocó en las sienes unos electrodos que había cogido de otro cajón. Y se sentó en un pequeño taburete junto a él.

—Rayo, quiero que me cuentes lo que sucedió en la sala submarina, ¿qué provocó la explosión? —le pidió mientras comprobaba, en una de las pantallas, que la sustancia que le había inyectado empezaba a hacer efecto en su actividad cerebral.

—Yo… No pude… —titubeó su paciente—. No pude detenerla. Ella me cambió, tomó el control…

—¿Summer?

—No, Summer no… Summer solo quería huir, pero ella… —Aún con los ojos cerrados, Rayo Negro fruncía el ceño en una expresión de disgusto.

—¿Quién, Rayo?

—No lo sé…

—Sí lo sabes. Vamos, piensa. ¿Quién es ella?

Su paciente se removió sin llegar a despertarse, debatiéndose en una pesadilla. Parecía resistirse a dar dicha respuesta, como si tuviera miedo a nombrarla, hasta que finalmente lo hizo.

—La oscuridad.

A Bautista aquella revelación no le decía demasiado. Preguntándose si su paciente sufriría desdoblamiento de personalidad, quiso probar una teoría.

—¿Y dónde está? Llámala, quiero hablar con ella.

Pero no obtuvo ninguna reacción, Rayo ni siquiera se movió. Por un segundo, desvió la vista al monitor para ver si había habido un cambio en sus ondas cerebrales, y cuando volvió a mirarlo se lo encontró sentado, perfectamente recto en el sofá, observándole con unos ojos que eran completamente negros, como dos enormes huecos.

La impresión hizo que diera un respingo hacia atrás, cayéndose del taburete. Desde el suelo contempló como su paciente se incorporaba, y su considerable estatura se le antojó, en ese instante, enorme como una montaña a punto de caerle encima.

La misma escena, solo que vista desde otra perspectiva, se repetía en ese momento en una de las muchas pantallas que había en aquella sala designada con el nombre de “departamento de observación”. Una pequeña división superviviente de lo que un día fue una empresa puntera llamada Kimantics.

De repente, la imagen se congeló, deteniéndose un segundo antes de que Rayo Negro agarrara por el cuello a su apreciado psicólogo.

—Le advierto que lo que viene no es muy agradable —comentó el hombre que había pausado la grabación de seguridad.

Absalom, molesto por aquella interrupción venida del que era su subordinado directo, dijo:

—No importa, Samuel, quiero verlo.

El hombre volvió a pulsar el botón de su panel, y el video continuó desvelando cómo el doctor Bautista moría atravesado por los afilados relámpagos de Rayo Negro. Después, este se quitó los electrodos y abandonó el despacho, saliendo del campo de visión de la cámara.

—Se despertó en la recepción de la consulta, desorientado y sin recuerdos del incidente. Tuvimos que decirle que era consecuencia de la hipnosis —le informó Samuel.

—Entonces, ¿en ningún momento era consciente de lo que estaba haciendo?

—No. Al menos eso es lo que muestra el electroencefalograma.

—Quiero que esto se siga investigando —pidió Absalom—. Si ha sido un episodio aislado, o si resulta que va a más. Aumenten la vigilancia sobre Rayo Negro.

—De acuerdo.

—Señor Absalom —lo llamó una mujer, la única entre los tres empleados de aquel departamento. Normalmente, una sola persona se bastaba para vigilar los escasos cambios que se detectaban en aquella sala. Pero, desde que días atrás se produjo el suceso, habían aumentado el personal a dos supervisores—, capto una nueva oscilación en el campo electromagnético.

Absalom se acercó a ella y comprobó lo que esta veía en su pantalla.

—Según mis cálculos, habrá hasta tres terremotos más antes de que el núcleo vuelva a la normalidad —le dijo la mujer.

—Es increíble. Y esto solo con una sinergia del setenta y tres por ciento, a kilómetros de distancia del núcleo —comentó Absalom al tiempo que señalaba a la pantalla—. Por fin estamos avanzando, Samuel.

—Sí, señor —contestó este correspondiendo a su sonrisa—. Pero ¿qué hacemos con Rayo Negro? Bautista no pudo terminar la sesión de adoctrinamiento, y ya ha visto que sus sentimientos por ella han cambiado.

—No importa. Hemos intentado enfrentarles durante más de un año sin conseguir nada, y justo después de ese cambio pasa todo esto —dijo Absalom sin quitar los ojos de la gráfica que se mostraba en la pantalla y que tanta esperanza le transmitía—. No puede ser casualidad.

—¿Entonces…? —preguntó Samuel pues no estaba seguro de qué se suponía debían hacer.

—Dejemos que la naturaleza siga su curso.

Ces’t fini!

Espero que os haya gustado el final. Madre mía, ya te digo que si lo espero ;_;

Pero si hay algo que aún me haría más ilusión, como autora y madre de estos nenecitos, es que os hayáis quedado con ganas de leer más sobre ellos.

En fin, mañana subiré el post con todo el capi unido y en los formatos para descarga. Y ya os contaré un poco mejor lo de la pausa vacacional y las cosillas que os esperan en septiembre. Ahora, os dejo con ese final. Sugiero que lo mastiquéis bien, pues no habrá más droja en unos cuantos meses. ;P

Y me voy a contestar vuestros comentarios que con esto de ir preparando los posts, no he podido ^^U

Capítulo 17 y final – parte 4

¡ATENCIÓN!

Si has llegado hasta aquí por accidente: ¡ojo, cuidado! El siguiente post contiene SPOILERS… ¡qué digo spoilers!, contiene el puto final del primer libro de MBM.

Si lo que estás buscando es la primera parte del capítulo 17, pincha aquí.

Si por el contrario sabes a lo que has venido, ¡adelante!

 

Quizá fue un ser superior, o la propia suerte que se apiadó de él, pero el caso es que, al segundo intento, la joven reaccionó, rompiendo a toser. Sintiendo un inmenso alivio al verla de vuelta, la giró hacia el italiano para colocarla de lado y que pudiera vomitar el agua con facilidad.

—Eso es, preciosa. Échalo —dijo este mientras se quitaba la chaqueta, la doblaba y la colocaba con cuidado bajo la cabeza de la joven. Summer, aunque ya respiraba, no recuperó la conciencia. Y el italiano aprovechó para acariciarle el rostro y peinar los mechones mojados de su flequillo.

Rayo Negro observó este gesto advirtiendo la delicadeza que ponía. No terminaba de comprender a qué venían esas confianzas y cariños, pero lo que sí sabía era por qué no le agradaba en absoluto.

—Lo conseguiste —le felicitó el Domine en ese instante.

No podía evitarlo. Aun teniendo en cuenta lo que acababa de hacer por ellos, seguía queriendo romperle la cabeza.

—Sí —contestó indiferente.

—Por cierto, bonito pene.

Aquello no se lo esperaba, y logró derrumbar toda la fachada de frialdad que acababa de construir. Sintiendo que enrojecía hasta los cabellos, se cubrió con las manos para mayor regocijo del italiano.

—En fin, tengo que irme —dijo este poniéndose en pie—. No te preocupes, no volveréis a verme en un tiempo. Me voy de la isla.

—Más te vale que sea para siempre —le amenazó Rayo—. Por esta vez estamos en paz, pero no se te ocurra volver a cruzarte conmigo.

—Haré lo que me plazca, culito prieto —dijo sin perder la sonrisa—. Arrivederci.

—¡Espera! —lo llamó Rayo—. Dime al menos por qué.

—¿Por qué qué…?

—¿Por qué has aparecido en nuestras vidas para ponerlas del revés? Si no querías matarnos, ¿a qué ha venido todo esto?

El Domine guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón y, por primera vez, pareció meditar su respuesta, como si esta vez no la tuviera ensayada.

—Lo cierto es que en un principio sí que hubo alguien que me contrató para asesinaros. Pero, tranquilo, era un imbécil y ahora está muerto —le explicó—. Y después, supongo que ya que estaba aquí, continué por diversión.

—¿Me tomas el pelo? —Rayo Negro resopló indignado. Aquella respuesta era aún más denigrante de lo que esperaba.

—Verás, Rayo, yo… me aburro mortalmente —le soltó sin ningún reparo—. Estaba aburrido de poder matar a la gente con un solo pensamiento, de follarme a cualquiera que se me antoje, y sobre todo, aburrido de verme rodeado de hipócritas y lameculos.

Apenas podía creerse lo que estaba escuchando. Aquel hijo de puta les había usado como simples bufones. Había puesto en riesgo sus vidas… No, era mucho más que eso, se las había trastocado por completo, única y meramente, por entretenerse un rato. Apretó los dientes con fuerza en un intento de contener la rabia, pues sabía que no estaba en condiciones de iniciar otra pelea.

—En cambio, con vosotros es diferente. Sois auténticos, sois un reto en todos los sentidos. Y, por primera vez en mucho tiempo, he vuelto a sentirme humano. —Su expresión se cubrió de cierta melancolía al decir—: Tenéis suerte de teneros el uno al otro.

—Como ya he dicho… —masculló, clavándole una mirada de odio—. Más te vale que no vuelvas por aquí.

El italiano volvió a sonreír como toda contestación y desapareció. Rayo Negro se quedó mirando el vacío que quedó en su lugar, temiendo que volviera a aparecer para darles el toque de gracia. Pero no ocurrió.

Sintió que Summer se movía y, al mirarla, se dio cuenta de que sin saber ni cómo ni cuándo, la había incorporado sobre su regazo, rodeándola con los brazos en un gesto de protección. Ella abrió los ojos y estos se encontraron con los suyos, a apenas un palmo de distancia. Sabía que, ante esa situación, su reacción no iba a ser positiva, pero ni en el peor de los casos imaginó semejante estallido de violencia.

En parte azuzada por un poso latente de todo el miedo que había sentido, y enfurecida por ver que ahora él se tomaba la libertad de tocarla, de abrazarla y otras cosas que le estaban absolutamente vedadas, Summer descargó toda su ira. Con una fuerza que venció al cansancio, le tumbó de un primer puñetazo. Y, colocándose sobre él, sin importar ni apreciar siquiera la desnudez de sus cuerpos, siguió y siguió golpeándole en la cabeza.

—¡Hijo de puta, no te atrevas a tocarme! —rugió, conectando un golpe tras otro, desollando sus propios nudillos—. Tú no sabes nada de mí. Nunca te has puesto en mi lugar. ¡No me jodas ahora queriendo ir de buenas! —Fuera de sí, Summer dejó que el torrente de pensamientos, de rencor, la inundaran hasta volverse incontenibles. Y lo vomitó todo—. Soy un monstruo. ¡Joder, ya lo sé! Pero tú me machacaste… La única persona que podía comprenderme. El único que quizá…

Se detuvo, conteniendo lo más íntimo. Muchas veces se había preguntado si él compartiría la misma soledad para, de inmediato, sentirse ridícula por pensarlo. Era obvio que no. Pues, a diferencia de ella, él era un monstruo que de verdad creía ser humano.

Rayo Negro, aturdido y con el rostro ensangrentado por numerosas heridas, alzó la vista para averiguar por qué había cesado la paliza. Y entonces presenció algo que nunca creyó que llegaría a ver. Summer, estaba llorando ante él, y sus lágrimas de rabia eran tan incandescentes como sus iris. La visión le dejó atónito.

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Ella se limpió rápidamente la cara y, en voz baja, masculló:

—Tú no sabes lo que es sentir que no encajas. Nadie tiene la más puta idea de lo que significa ser así.

—Claro que lo sé —confesó de pronto. Su voz escapó ahogada por la sequedad que sentía en la garganta—. Sé lo que es sentirse diferente, vacío… Y también solo.

Rayo apreció el desconcierto que provocaban sus palabras. Aquella explosión de sinceridad le había tocado muy hondo, hasta el punto en que sintió el deseo de decirle que solo junto a ella lograba sentirse vivo.

Pero no pudo.

—Que te jodan, Rayo —espetó Summer, incorporándose y mirándolo como el que observa un insecto aplastado en el asfalto—. Tú ya me has hecho todo el daño que podías hacerme. Se acabó…

Ella se marchó, dejándole allí tirado. Rayo apenas pudo escuchar sus pasos alejándose, le ensordecían sus propios latidos. Y le pareció imposible que su corazón siguiera palpitando de esa manera, cuando en él se concentraba el dolor más abominable que podía llegar a sentir.

Summer puso rumbo hacia la zona donde habían dejado la furgoneta. Por lo menos estaba a un cuarto de hora de camino. Demasiado tiempo como para poder ignorar todas esas malditas cosas en las que no quería pensar. Demasiado como para no acordarse de que el Domine se había llevado a su hermano.

Echó a correr. Necesitaba a sus compañeros, necesitaba oír a Akira expresar la frustración que ella misma sentía, necesitaba un abrazo de Zoe, la sonrisa de Will… Necesitaba que Aidan la mirara infundiéndole esa seguridad que él poseía, y le dijera que todo estaba bien, que encontrarían a Yade.

Nada más pasar la terminal de contenedores y llegar a la amplia explanada que daba comienzo a la zona para las naves industriales, lo distinguió en la lejanía. Su hermano esperando, mirando en su dirección, pues ya había intuido algo antes incluso de tener contacto visual. Al verla empezó a caminar, después a correr, y cuando quedaron a un par de metros, se detuvo. Pero Summer no lo hizo, y se echó a su cuello en un fuerte abrazo que Yade soportó sin rechistar.

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—Summer, ¿estás bien? —le preguntó preocupado.

Ella tardó en contestar.

—Sí, solo que… pensé… —se atragantó y hundió el rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de él.

—Ya, yo también lo pensé. —Yade, que no necesitaba más para saber lo que había preocupado a su hermana, le explicó—: Pero ese hombre me trajo aquí y me dejó libre sin más. Me pidió que te dijera que siempre cumple…

—Esto… —le interrumpió ella—. Justo esto era lo que más temía. Lo supe en cuanto te vi en aquel contenedor.

—¿El qué? —Quiso saber él.

—Volver a encariñarme contigo —dijo, separándose para mirarlo cara a cara.

Yade tragó saliva, conmovido por la repentina declaración.

—Nío, no vuelvas a hacerlo —le pidió—. No vuelvas a dejarme sola.

—Nunca —le aseguró, tratando sin mucho éxito de imprimir convicción a su trémula sonrisa. Entonces se percató de un detalle—. ¿Has llorado?

—Oh, joder, no me lo recuerdes —protestó ella, frotándose la cara con las manos—. ¿Se me sigue notando? No quiero que estos se enteren.

—No creo que ellos lo noten —contestó—. Pero ¿por qué te importa? Son tus compañeros.

—No puedo dejar que piensen que soy débil. Ellos cuentan conmigo, soy el muro que nunca se derrumba.

Ante eso, Yade meneó la cabeza y sonrió.

—¿Qué? —se extrañó ella.

—Que estás equivocada. —Y, al leer en la expresión de Summer una pregunta no formulada, continuó—: Tú eres la que se apoya en ellos. Todos lo saben.

—Vete a la mierda —le dijo en un tono que carecía de seriedad—. Y ya estás dejándome tu camiseta.

Y los últimos quince minutos y terminamos ^_^

Capítulo 17 y final – parte 3

¡ATENCIÓN!

Si has llegado hasta aquí por accidente: ¡ojo, cuidado! El siguiente post contiene SPOILERS… ¡qué digo spoilers!, contiene el puto final del primer libro de MBM.

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Si por el contrario sabes a lo que has venido, ¡adelante!

 

El simple acto de tratar de abrir los párpados era un suplicio. Todo su cuerpo le dolía, ardía, escocía… Intentar cualquier movimiento le hacía sentir como si tuviera miles de cristales diminutos insertados en sus músculos, desgarrándole por dentro. Era la misma sensación que padecía cada vez que sus heridas se regeneraban, pero multiplicada al cuadrado en cada centímetro de su piel.

No podía permitirse el lujo de quedarse ahí, compadeciéndose, algo le decía que se encontraba en peligro. Debía despertar.

Al abrir los ojos, lo primero que vio fue la nada, un enorme vacío negro. De su boca escaparon unas burbujas, y se dio cuenta de que estaba bajo el agua a tiempo de contener la tentación de respirar. Un objeto muy voluminoso lo mantenía atrapado contra una plataforma. Su vista empezó a acostumbrarse a la oscuridad y, con la escasa luz que llegaba de las estructuras superiores bajo el suelo de Adrax, logró distinguir que se encontraba en lo que quedaba de la sala submarina. Esta había sido reducida a unas escasas ruinas sumergidas en medio del océano.

Aquello que tenía sobre el abdomen era parte de uno de los enormes arcos de la estructura. Lo empujó con ambos brazos y logró retirarlo lo suficiente para escapar. Estaba a punto de darse impulso para nadar hacia la superficie cuando cayó en la cuenta.

«¡Summer!»

Había llegado allí con ella, ¿dónde estaba? Es más, ¿qué demonios había pasado allí?

Lo último que recordaba era la cara de aquel bastardo italiano demasiado cerca de la suya, y después de eso…

Como descargas en su cerebro, le asaltaron una sucesión de imágenes extrañas, escenas que no reconocía haber vivido. Su cuerpo cambiando, convirtiéndose en algo desconocido, enorme, oscuro… Y Summer, ensartada por sus propios brazos, brazos deformes que se descomponían en cientos de filos negros.

La impresión le sobrecogió y una exclamación escapó de sus labios en forma de más burbujas. De repente, le sobresaltó la espantosa posibilidad de que Summer estuviera muerta…

De que él mismo hubiera sido su asesino.

Se negaba a creerlo, pero el tiempo se le acababa, y si no quería ser él el que acabara muerto, tenía que empezar a nadar.

Salió de la sala. Tan solo un tercio de esta resistía colgando de la estructura superior. No cabía duda de que había sido una explosión la causante de aquel caos, y reconoció la mano de la joven en aquel destrozo, en esos arcos retorcidos hacia fuera, como si hubieran sido fundidos y vueltos a forjar por la onda expansiva. Fue fijándose en ellos, concretamente en uno que sobresalía como un trampolín de la plataforma, cuando lo descubrió: el cuerpo desnudo de Summer, tumbado inerte en aquel hierro que pendía sobre el abismo oceánico.

Se apresuró en nadar hacia él. Se apoyó en un trozo de plataforma para impulsarse cuando, de repente, toda la estructura emitió un crujido, y observó horrorizado como el arco que sostenía a Summer comenzaba a caer.

«¡Joder, no, no, no!»

Nadó lo más rápido que pudo, sumergiéndose aún más en las profundidades mientras el reloj de sus pulmones corría sin miramientos y el cuerpo de la joven se hundía irremediablemente. Más deprisa, la distancia se iba reduciendo poco a poco, un esfuerzo más y la tendría. Estiró la mano y sus dedos rozaron levemente la pierna de ella, se le resbaló.

«Vamos, Summer, pon de tu parte».

Un par de fuertes brazadas más y ganó la suficiente velocidad para ponerse a su espalda. La rodeó con un brazo mientras con el otro maniobraba para cambiar la dirección y poner rumbo hacia arriba.

Cuando contempló todo el recorrido que le quedaba, sintió pánico. Era imposible, apenas le quedaba aire. No lo conseguiría. Sin embargo, se lanzó a la desesperada. Empleando todas sus fuerzas en el intento, lo que le agotó demasiado rápido. A la mitad del camino, la vista empezó a nublársele, los pulmones le ardían, sentía la cabeza a punto de estallar.

No podía más. Se mareaba. Su cuerpo demandaba oxígeno, e incapaz de contenerse por más tiempo, abrió la boca e inspiró. Y entonces, por alguna razón que escapaba a su comprensión, en lugar de agua, tomó la gran bocanada de aire que tanto necesitaba.

Abrió los ojos desconcertado. De pronto, ya no estaban bajo el océano, sino que flotaban a un par de metros por encima de uno de los muelles del puerto. Entonces, de reojo, atisbó la mano que había apoyada en su hombro. Ni siquiera se había dado cuenta del momento en que esa mano había aparecido, pero allí estaba. Y, por el color bronceado de la piel, supo quién era su dueño antes de girar la cara y encontrársele, con una sonrisa ladina, colocado detrás de él.

Antes de que pudiera imprecarle, el Domine lo soltó, y tanto él como el cuerpo de Summer cayeron sobre el cemento del muelle, mientras el italiano se posaba con suavidad. Rayo Negro dejó a la joven sobre el suelo y se preparó para hacerle frente. Se dio cuenta de que su enemigo también estaba empapado, y ya no llevaba la camisa bajo la chaqueta, sino un vendaje que le cubría la parte superior del pecho. Pero aparte de eso, parecía estar en plenas condiciones. Mientras que él, por el contrario, se encontraba extenuado y encima estaba totalmente desnudo, lo cual le hacía sentir tremendamente expuesto e incómodo.

—¿Cómo coño…? ¿Cuándo…? —trató de preguntarle, pero aún no podía respirar con normalidad.

—Creo que lo que intentas decir es «gracias» —le cortó el italiano, quien quiso acercarse a Summer, pero Rayo se interpuso—. Apártate, por favor.

—Ni loco.

—Vamos, Axel… Rayo —rectificó guiñándole un ojo—. Os acabo de salvar la vida, tranquilízate.

Por mucho que aquel tipo tuviese la capacidad de hacerle segregar bilis en décimas de segundo, tenía que reconocer que esa era la única explicación posible de que siguieran en pie. Lo cierto era que él los había rescatado, y no tendría mucho sentido tomarse tantas molestias para ahora matarlos sin más.

O puede que sí, porque si algo sabía con seguridad era que ese hombre estaba mal de la cabeza y, ni teniendo toda la lógica de su lado, se fiaría de él.

—Quizá no te has percatado de que no respira.

Aquella frase dicha con cierta irritación le sacó de sus pensamientos. Se volvió hacía la joven y comprobó que efectivamente no se apreciaba ningún movimiento. El Domine aprovechó que se había distraído para arrodillarse ante ella, tomarle el pulso y comenzar la reanimación.

Pese a que le entraron ganas de apartarle de un manotazo, tal y como Summer había hecho con él cuando intentó ayudar a Zoe, Rayo le dejó hacer. No pudo evitar sentirse inútil. En el fondo no había sido capaz de salvarla, ni siquiera había conseguido sacarla del agua. Si no hubiera sido por ese maldito italiano estarían muertos, y eso sin duda era lo que más le frustraba.

Estar en deuda con él.

Se percató entonces de que, pese a los esfuerzos del Domine, Summer no respondía. Este le dirigió una mirada de preocupación y dijo:

—Creo que no estoy haciendo suficiente fuerza, tú conoces mejor su resistencia. Ayúdame.

Contagiado por la urgencia de la situación, Rayo Negro se arrodilló al lado contrario del italiano.

—Tú empujas, yo insuflo —propuso este.

—No, déjame —ordenó mientras ponía una mano en el centro del pecho de la joven. Sintiendo una responsabilidad sobre sí como nunca antes había sentido, suspiró tratando de calmarse.

Empezó a presionar, varias veces, seguidas de una bocanada de aire. Al contacto con aquellos labios se llevó una desagradable impresión, estaban helados. Una punzada de tristeza le atravesó al echar de menos su calor y la vida que poseían cuando los probó por primera vez. Daría su alma por volver a sentirlos como lo hizo aquella noche.

Y entonces se dio cuenta.

No importaba lo mucho que se esforzara en negárselo a sí mismo, o las excusas que se inventara con la esperanza de encontrar una explicación a lo que le estaba pasando… La verdad era mucho más sencilla y obvia.

La verdad era que se había enamorado de aquella mujer hasta la médula de los huesos.

«Por favor, vive…»

Oooooh, Rayoooo, ;3; (sorry, no he podido evitarlo ^^U)

¡Quince minutos más!

Capítulo 17 y final – parte 2

¡ATENCIÓN!

Si has llegado hasta aquí por accidente: ¡ojo, cuidado! El siguiente post contiene SPOILERS… ¡qué digo spoilers!, contiene el puto final del primer libro de MBM.

Si lo que estás buscando es la primera parte del capítulo 17, pincha aquí.

Si por el contrario sabes a lo que has venido, ¡adelante!

 

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Quizá fue culpa del estupor que ambos sintieron, pero ninguno lo vio venir. La cola del escorpión, el apéndice trasero, henchido por toda la energía que se había ido reagrupando, se abalanzó como una perfecta imitación del animal y atacó la parte más débil de la barrera. Un único relámpago, tan grande y afilado como la hoja de una espada, logró atravesarla, clavándose en la espalda del Domine, cerca de su hombro derecho.

—Qué hijo de puta —fue lo que escapó de los labios de Summer mientras el italiano era alzado ante sus ojos, gritando de dolor. No fue decepción lo primero que se le pasó por la cabeza al comprobar que el monstruo había logrado vencer las defensas del Domine, ni siquiera fue el temor ante la idea de ser la siguiente. Su primer pensamiento fue para su hermano, y el saber que le perdería para siempre si no hacía algo por salvarle el culo a aquel bastardo.

Saltó hacia el italiano, empujándolo lo bastante fuerte para desengancharlo de aquel filo. Los dos cayeron al suelo de costado, quedando cara a cara. Él observó la herida que, bajo la clavícula, le atravesaba el torso de lado a lado, sangrando en abundancia. Después miró a Summer, y esta adivinó de inmediato lo que se proponía hacer.

—¡No! ¡Espera! —quiso decirle al tiempo que lanzaba una mano dispuesta a sujetarle, pero para cuando alcanzó el lugar donde antes se encontraba su brazo, ya no había nada. No le hizo falta echar un vistazo al resto de la sala, para saber que el Domine ya no volvería.

La impotencia, convertida en una punzada atroz, la atravesó. Y, en el mismo instante, afiladas lanzas formadas por relámpagos se clavaron en su cuerpo, piernas y brazos, acribillándola de igual modo. El dolor físico se unió a aquel nacido de la experiencia más amarga que había conocido: la de la pérdida. Dentro de su ser, tenía la certeza de que no volvería a ver a su hermano; ni tampoco a Zoe, ni a Aidan, Will, o Akira…

A ninguno.

Pues, aunque hubiera una posibilidad de encontrar sano y salvo a Yade, era ella la que no iba a salir con vida de allí.

De repente, mientras aquel monstruo la elevaba como antes había hecho con el italiano, la tristeza que la embargaba fue transformándose en desesperación. Junto a la ira, uno de los principales detonantes de las particulares reacciones químicas que sufría su cuerpo. La adrenalina se disparó por sus venas, su sangre rompió a hervir bombeada por un corazón cada vez más furioso, y la sensación de una bola ardiente comenzó a formarse en su pecho. Esta vez no haría lo más mínimo por contenerla.

Todo lo contrario.

Miró a aquel ser que la mantenía suspendida como un depredador examinando a una presa recién cazada. Y, aunque aquel Rayo Negro ciego e inmóvil fuera incapaz de apreciarlo, no pudo menos que dedicarle la última de sus sonrisas burlonas.

—Supongo que es lo que toca, ¿no? Que nos reventemos el uno al otro definitivamente —le dijo—. Es nuestro destino y esas mierdas que se suelen decir…

Como esperaba, no obtuvo respuesta. Ni el más leve indicio que indicara que aquel monstruo le había entendido.

—Ok —añadió a la vez que sus ojos se tornaban incandescentes—, a tomar por culo.

Ante la luz que emergía del cuerpo que tenía ensartado, el extraño Rayo Negro reaccionó por primera vez, mostrando sus dientes en una mueca rabiosa. Toda aquella masa oscura a la que pertenecía se revolvió, formando miles de relámpagos que se lanzaron hacia Summer.

Y, cuando ambas energías entraron en contacto, la sala, y todo a su alrededor en un amplio radio de distancia, explotó.

 

 

* * *

 

 

Un ligero cambio se mostró en la pantalla de ordenador aquella noche. En el gráfico que allí se mostraba, tres de las barras se iluminaban hasta más de la mitad de su longitud. Como consecuencia, el programa emitió un pitido y una larga lista de datos se generó en la pantalla contigua.

El ruido alertó al supervisor que, como en tantas otras monótonas jornadas de trabajo, se entretenía con un juego de su teléfono móvil. El hombre se giró hacia la pantalla y lo que vio le dejó boquiabierto. De inmediato, tomó el teléfono de oficina que había en su mesa y pulsó el botón que le pondría en línea con su superior.

—¿Sí? —le contestó una voz.

—Soy Vimal, señor, del departamento de observación. Hemos detectado una detonación de clase A.

—Vaya, parece que los ánimos están caldeados últimamente, primero una de clase B y ahora esto —comentó el superior—. ¿Otra vez ella?

—No, señor, han sido los dos.

—¿Los dos? Explíquese, Vimal, ¿han sido dos detonaciones o una?

El aludido se tomó unos segundos antes de contestar. Comprobó la información que veía en la pantalla antes de asegurar:

—Discúlpeme, lo que quería decir es que ha sido una sinergia con detonación de clase A. Ha alcanzado el setenta y tres por ciento.

En otra sala del mismo complejo, el hombre que estaba al otro hilo del teléfono, se quedó atónito.

—Envíeme esos datos ahora mismo —ordenó en cuanto recuperó la voz.

—Ya lo he hecho, señor Absalom.

¡Seguimos en quince minutos!

Capítulo 17 y final Parte 1

¡ATENCIÓN!

Si has llegado hasta aquí por accidente: ¡ojo, cuidado! El siguiente post contiene SPOILERS… ¡qué digo spoilers!, contiene el puto final del primer libro de MBM.

Si por el contrario sabes a lo que has venido, eres un monstruito experimentado que ha leído religiosamente los 16 capítulos anteriores. Si estás deseando saber qué va a pasar con Summer y el Domine, ahora que parece que Rayo ha perdido la cabeza, solo porque le han dado un besico (exagerao que es -_-U)… En ese caso, puedes seguir adelante, y no te olvides de comentar 😉

 

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Summer y el Domine fueron retrocediendo poco a poco, sin quitar ojo del extraño suceso que se desarrollaba ante ellos. Aquella vibrante masa que había envuelto a Rayo Negro continuaba creciendo.

—¿Eso es normal? —preguntó el italiano.

—Ni idea. Yo nunca he llegado a cabrearlo tanto —contestó ella.

Y era verdad, nunca lo había visto desplegar semejante poder. Era algo más complejo que sus habituales relámpagos que aparecían y se desvanecían al instante, aquella energía se arremolinaba como un enjambre de abejas, formando algo imperecedero, tangible… Y, lo más insólito, empezaba a tener cuerpo y extremidades, como un monstruo grotesco.

—Mira, está cambiando —escuchó decir en ese momento al Domine—. Parece una tarántula gigantesca.

—A mí me parece un cangrejo.

Él chasqueó los dedos.

—¡Un escorpión!

—Oye, no es el puto juego de las adivinanzas —protestó, aunque reconocía que esos tres voluminosos apéndices que le habían salido le otorgaban cierta similitud con aquellos bichos—. Esto no me gusta.

—Ni a mí. Pierde mucho encanto si no se le ven las mallas.

Preguntándose si se estaría tomando a broma la situación, Summer miró de reojo al italiano. Y, justo entonces, aquella cosa atacó, barriéndola con uno de sus brazos. Fue a estrellarse contra uno de los ventanales que sellaban la estancia y cayó al suelo, a la vez que una pequeña grieta se abría en el cristal allí donde había golpeado.

—¿Estás bien, querida? —le preguntó el Domine apareciendo ante ella. Él, por el contrario, había podido esquivar el ataque a tiempo.

—Deja de llamarme «querida» —masculló. Quiso incorporarse pero no pudo, aquel golpe la había dejado aturdida. No tenía nada que ver con las descargas a las que estaba acostumbrada, la potencia de esa cosa en la que se había convertido su peor enemigo era de otra dimensión.

Era sencillamente descomunal.

—Cuidado, ya viene —avisó el italiano.

Observó que el ser avanzaba hacia ellos, empujándose con sus oscilantes relámpagos a una velocidad de vértigo. Y supo que no importaba lo rápido que echara a correr, no se podía huir de eso.

Sintió una mano rodeándole la cintura, y, de repente, el lugar y aquella cosa a punto de embestirla se difuminaron ante sus ojos. Al instante, volvió a tomar forma, pero la visión era distinta. Se percató de que se encontraba en otro punto de la sala. Una sensación de mareo la invadió mientras caía en la cuenta de lo que acababa de suceder. El Domine se había teleportado, llevándola consigo.

—Por poco. —Oyó la voz de este muy cerca de su oído. Lo tenía pegado a sus espaldas.

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—No me toques, joder —protestó zafándose de un tirón.

—De nada, ¿eh?

No tuvieron tiempo de seguir discutiendo, aquel ser implacable volvía a echárseles encima. Esta vez el italiano desapareció, dejándola a su suerte. El endemoniado ser cargó contra ella con sus tres apéndices, lanzándolos una y otra vez en una sucesión de ataques que fue eludiendo de milagro, hasta que una inesperada descarga la alcanzó.

Cayó al suelo, envuelta en dolorosas convulsiones. Aquella energía, tan afilada como de costumbre, tenía algo nuevo: estaba helada. El reencuentro con el frío, una sensación que casi había olvidado, no fue muy agradable. Y aunque se recuperó del trance en segundos, al abrir los ojos, encontró al monstruo justo sobre ella, a punto de aplastarla. Alzó las manos y liberó un torrente de fuego. Pero su poder no tuvo efecto sobre su enemigo, como si la masa negra que lo envolvía fuera además de un arma imparable, una coraza.

Se quedó sobrecogida. Si no podía defenderse, ni atacar… estaba sencillamente acabada. La reacción fue instintiva, cruzó los brazos sobre el rostro, en el más primitivo y vano intento de protegerse ante lo que le sobrevenía.

De repente, algo tiró de ella con ímpetu, apartándola del monstruo cuando sus brazos golpearon haciendo añicos el suelo. Continuó deslizándose por el suelo empujada por una fuerza invisible, hasta que se detuvo al lado del italiano.

—¿Qué? Esta vez no te he tocado —dijo este en respuesta a su mirada de desconcierto. Y, al ver que aquella bestia se dirigía de nuevo hacia ellos, se colocó ante la joven—. Quédate detrás.

El orgullo de Summer se revolvió al escuchar aquella orden. Sintió la tentación de apartarlo de un empujón, pero justo entonces uno de los apéndices cayó sobre ellos, chocó en el aire sobre sus cabezas, y rebotó. El ser volvió a intentarlo con más violencia, y esta vez, el apéndice se quebró, disgregándose en multitud de relámpagos más finos. Summer se quedó perpleja, sin apenas poder creer que aquel tipo y sus malditas barreras fueran capaces de hacer frente a semejante fuerza.

Pero enseguida se dio cuenta de que aquello no podía durar. A cada intento frustrado, el monstruo volvía a recomponerse y formaba un nuevo brazo con el que atacar. Por el contrario, dudaba de que el Domine pudiera mantener ese ritmo. Este también era consciente de ello, y decidió pasar a la ofensiva. Comenzó a abrir brecha en el cuerpo enmarañado del monstruo, desuniéndolo, logrando que la energía se replegase hacia atrás.

Y entonces lo vieron.

Tras capas y capas de energía que iban siendo retiradas, encontraron a Rayo Negro, o lo que quedaba de él. Engullido de cintura para abajo por aquella masa, era el origen de todas sus ramificaciones. Estas surgían de las grietas que quebraban su piel, de lo que habían sido sus cabellos; de sus ojos, que ahora eran dos pozos en su rostro, tan negros como la oscuridad más insondable.

Summer sintió un escalofrío al ver aquella imagen, era la confirmación de un presentimiento que apenas se había atrevido a analizar. Rayo se había perdido a sí mismo y, fuera lo que fuese lo que tenían delante, ni era humano, ni tenía conciencia.

Era pura destrucción.

Próxima parte en quince minutos 🙂

El próximo martes, quedada virtual para leer el último capítulo

Monstruitos, ya podéis apuntar esta fecha en el calendario, en vuestra agenda o programar una alerta del móvil.

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El próximo martes 29 a las diez de la noche (hora española) tenemos una cita. 😉

A esa hora empezaré a postear en esta web el último capítulo al completo, seguido el epílogo del primer libro de MBM, por partes. Dejando unos quince minutos entre post y post para que podáis ir leyendo y comentando lo que queráis, como si de la retransmisión de un partido se tratase. ^^

También habrá algunos dibujillos de acompañamiento. Un supermegacombo especial para despedir la serie… de momento. Es decir, el primer libro finaliza aquí pero, como ya os he dicho alguna vez, vienen al menos cinco más. No sé si acabaréis hartos de MBM, pero lo voy a intentar ;P

En cuanto al siguiente libro, espero empezar a publicarlo este mismo año, pero no me voy a arriesgar a lanzar una fecha ya que aún me queda mucho trabajo por delante. Como comenté en un post anterior, en agosto voy a dejar la web en pausa para poder centrarme en la escritura.

Pero ya hablaremos de eso. De momento, recordad: MARTES 29 A LAS 22H, os quiero a todos aquí, formando filas y listos para la batalla final. 😉